Valores como fidelidad y lealtad encuentran su máxima expresión en el más famoso de los amigos del hombre, son un inmejorable ejemplo a la hora de mostrar aceptación y proporcionar amor de forma incondicional.
Pero además de lo anterior, que no es poco y quizás sea lo más importante, existen numerosos estudios que hablan sobre las aportaciones que puede proporcionar las mascotas, en este caso los perros, a nuestros hijos. A continuación enumeramos y comentamos sólo algunas de ellas:
- Disminuyen el stress, la enfermedad del siglo XXI y de la que los niños tampoco se libran, y es que las sensaciones que puede transmitirles el perro tras un rato de juego o de cariños son extraordinariamente beneficiosas.
- Ayudan a aumentar la autoestima de nuestros hijos, no sólo se sienten querido por su mascota, sino que también se sienten útiles hacia ella, sienten que pueden aportarle algo ellos también, ya sea cepillarlos, cuidarlos, alimentarlos..., de forma que además también fomentan el valor de la responsabillidad.
- Aceleran el desarrollo psicomotor, a través del juego, el ejercicio, la persecución, las risas, etc.
- Se trata de un potenciador de las relaciones sociales, cuando el niño pasea al perro, este atrae miradas, gestos y a veces incluso conversaciones con otros viandantes.
- Ofrece una enseñanza real y natural sobre conceptos de la vida misma, tales como nacimiento, parto, sexualidad, enfermedades, dolores, muerte,...convirtiéndose así en otro ejemplo de la escuela de la vida.
¿Decisión acertada? SÍ, pero como comentamos al principio, debe ser una decisión de toda la familia.
